Alondra de la Parra, la mexicana que rompió las barreras de la música.
L

a directora más internacional se sincera con nosotros y nos cuenta sobre su carrera y sus planes futuros ahora que terminó su etapa como directora de la Orquesta Sinfónica de Queensland.

La música siempre ha estado ahí, con ella. No como una acompañante o como un decorado, sino como un salvavidas, una guía, una forma de vida. Comenzó a estudiar piano a los siete y violoncello a los 13 y, en algún momento de la adolescencia, se le metió en la cabeza que quería ser directora de orquesta.

Era una época en la que soñar con eso era tan complicado como querer ser astronauta. Alondra no sólo logró su sueño, sino que se ha distinguido en todo el mundo.

Con 39 años, ha dirigido un centenar de orquestas alrededor del mundo, como la Orquesta de París, la Filarmónica de Londres, la Sinfónica de Sao Paulo y de la Radio de Berlín, y durante dos años fue directora musical de la Orquesta Sinfónica de Queensland en Australia.

Al principio, Alondra llamó la atención porque en ese entonces había pocas mujeres dirigiendo, sin embargo, pronto demostró que su mérito no recaía en el hecho de ser mujer, sino por su estilo de dirección, su contagioso carisma y su liderazgo.

En 2004 fundó la Orquesta de las Américas, una plataforma pensada para promover a los solistas y al repertorio de los compositores latinoamericanos en Nueva York. Tenía tan sólo 23 años y seguía siendo estudiante.

Apenas este año, la Deutsche Welle –el canal de radiodifusión internacional de Alemania– estrenó en febrero el documental La maestra: Alondra de la Parra, que busca reflejar su vida personal y su trabajo como directora. Filmado entre abril de 2017 y junio de 2018, en el documental se ve a Alondra compaginando el hecho de ser mamá con el trabajo de dirección que, tan sólo en esos 14 meses, la llevó por tres continentes, de su casa en CDMX al City Hall del Queensland Performing Arts Centre de Brisbane Australia, pasando por Hamburgo, en Alemania.

Desde los 19, que se fue a estudiar piano a Nueva York, Alondra ha pasado su vida desplazándose de un país a otro, primero sola, luego con sus dos hijos, Luciano y Julián, a quienes no ha dejado nunca.

"Jamás me plantee dejar la dirección con la llegada de mis hijos, pero es verdad que el trabajo es muy fuerte y la responsabilidad muy grande... La labor de un director siempre es ir en contra de todo y tenerse que recuperar y levantar. Por supuesto que es cansado, pero es algo que me encanta hacer y creo que para mis hijos es bueno ver que su mamá hace lo que le apasiona".

Alondra de la Parra ha recibido numerosos reconocimientos y el año pasado fue nombrada Mujer del año, pero sin duda, el mayor reconocimiento lo tiene de los músicos que ha dirigido y que aprecian su sensibilidad, su capacidad empática.

¿Cómo es que una niña decide que quiere ser directora de orquesta?, ¿qué opinó tu familia de esto?

Vengo de una familia muy musical. Mi abuela y su hermana, por ejemplo, cantaban en la radio con Agustín Lara al piano –su dueto se llamaba Rubia y Morena–. Por otro lado, a mis papás les gustaba mucho la música clásica y la escuchábamos en casa y nos llevaban a conciertos, pero en realidad, soy la primera de mi familia que se dedica a la música de manera formal. Tuve la suerte de que mis papás nunca ningunearan mi sueño. Recuerdo que me dijeron que ser directora de orquesta no era algo común y que tendría que estudiar y esforzarme mucho y fue lo que hice. Sin duda, en el camino hubo gente que me dijo que era algo imposible para una mujer, pero las voces que más importaban nunca me hicieron dudar.

Leí que la música fue algo que te ayudó de manera determinante cuando tus papás se separaron, ¿podrías descubrir esta relación que tienes con ella?

Ha sido mi compañera de vida desde siempre, desde que me acuerdo y así seguirá siendo. Cuando estoy dirigiendo no puedo estar más que ahí, es muy bonito, porque es como si todo lo demás se detuviera. La música, para mí, se vuelve como una realidad paralela.

Hiciste la carrera de piano, pero en alguna entrevista dijiste que cuando dabas conciertos a veces te sentías muy nerviosa. ¿Qué pasa cuando diriges, no es demasiada presión?

Cuando era pianista y estaba yo sola en el escenario sí me podía sentir nerviosa e incluso ansiosa… Empezaba a pensar que algo se me podía olvidar. Pero como directora, en cambio, nunca he sentido eso. Cuando dirijo puedo sentirme nerviosa antes de conocer a la orquesta o quizá durante el ensayo, pero cuando ya estoy en el escenario no siento más que emoción. Además, el director está ahí para guiar a todos.

¿Qué me puedes contar del temido Kurt Masur?

Todos dicen que es un profesor de dirección durísimo, muy exigente… Justo cuando estaba estudiando mi bachelor en piano, salió una convocatoria para estudiar un curso de dirección con Kurt Masur, pero la edad mínima eran 25 años y yo tenía 23. Hice el intento y ¡me acepto! Pensé que se había equivocado y todos me decían que era muy duro y que me iba a hacer pedazos. Sin embargo, él fue súper generoso y cálido conmigo; claro que era muy exigente, pero para mí no hay nada mejor que un maestro que quiera enseñarte. Al final me seleccionó para dirigir un concierto junto con él y eso me ayudó mucho para despegar mi carrera. Kurt Masur fue un gran maestro, sin duda alguien que me motivó y que me dio confianza en un momento en el que yo estaba muy chica.

Te has distinguido por promover compositores latinoamericanos cuando diriges orquestas en el viejo continente… ¿Cómo te ha ido?

Las orquestas están muy acostumbradas a pensar, pero con la música latina no es tanto de pensar sino de sentir. Eso es muchas veces mi trabajo con programas latinos, que la orquesta haga las cosas correctas, con el ritmo adecuado, pero que luego se suelten e interpreten.

"La iniciación musical no debería verse como un lujo. Es fundamental para el desarrollo de todo niño" Alondra de la Parra.

Hace unos meses se hizo viral un video de Oxana, una niña de seis años en Tamaulipas que dirigía “la orquesta" de su kínder. Supe que después la invitaste a un concierto que diste en Monterrey e incluso le regalaste tu batuta. Esto me da pie a hablar de la formación musical en los niños, ¿por qué consideras que sea tan importante?

Hay quien cree que el objetivo de la educación musical es tocar un instrumento. En realidad, un niño que aprende a tocar en una orquesta aprende disciplina, paciencia y respeto hacia los demás. Se da cuenta de que su contribución al equipo es más grande de lo que ella o él pudiesen lograr solos. Los niños que estudian música saben imaginar cultivando su imaginación y aprenden a ser generosos porque la música es un arte en el que estudias, te esfuerzas, practicas y te preparas para regalar tu interpretación a los demás. Todos estos valores son realmente importantes en el desarrollo de cualquier niño, incluyendo la parte matemática racional que es muy fuerte. La iniciación musical no debería verse como un lujo o algo exclusivo de quien va a dedicarse a ello toda la vida, al contrario, es algo fundamental. Por eso los griegos y los romanos, veían la música como parte de la preparación del ser humano. Tras tres años como directora musical de la Orquesta Sinfónica de Queensland, Alondra dirigió su último concierto el pasado 16 de noviembre. El programa, titulado Timeless incluyó Rapsodie Espagnol de Ravel y la Sinfonía n.°5 de Tchaikovsky, entre otras piezas. El concierto se transmitirá el domingo 24 de noviembre por Canal 11. El 30 de noviembre estará al frente de la Dresden Residenz Orchestra para el famoso concierto de Navidad. Alondra permanecerá en Europa con nuevos proyectos.

Artículo publicado en milenio.com por Karina Rodríguez